Iván's profileUN CIUDADANO EN EL MUNDOPhotosBlogLists Tools Help

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    January 27

    El niño de la playa

     

     

    El joven fue a dormir y rápidamente  quedo dormido, soñaba con unas calles conocidas más extrañas, una calle desierta como una fantasma, la calle tenía por nombre…

     

    La noche estaba terminando ,el alba aparecía a lo lejos, y pequeños rayos de sol entraban por la ventana, tras varias vueltas en la cama el joven despertó, tras desayunar cogió la mochila, un poco de fruta, unas chocolatinas, una botella de agua, un nuevo libro, su cámara de fotos,y salió a la calle camino de una estación donde un autobús le llevaría a nuevas tierras  por ver conocer y descubrir.

     

    Así el joven llego a un lugar muy hermoso,  un castillo, caballos,y una playa llamada lunan bay-surfers paradise of scotland-donde sólo había 10 personas,y todas con una sonrisa en la cara,el joven caminaba por la playa mientras el mar llegaba suavemente a la orila,un joven jugaba feliz en la arena con su abuela,el joven dijo buenos días en lengua extranjera para el y la abuela le contestó con mucha educación y una sonrisa, entonces el joven sonrió y pensó que todavía hay abuelos que llevan a los nietos a la playa y no a centros comerciales, abuelos que llevan a los niños  a hacer castillos y soñar con otros mares.

     

    Entonces el niño miró al joven y vio otros ojos claros y vio el reflejo de otro niño que hacia castillos, y soñaba con castillos, con otros mares y pasaba páginas de libros, de la vida y de la aventura….

     

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    January 23

    EL CONDE DE MONTECRISTO

    REFLEXIONES DE ARTURO PÉREZ REVERTE DE HACE 15 AÑOS SOBRE LA OBRA MAESTRA DE ALEJANDRO DUMAS
    El conde de Montecristo tiene a su alcance,

    aparte el placer de la pura narración, de las

    peripecias apasionantes de Edmundo

    Dantés entre sus amigos y sus enemigos, el

    gozo sutil de observar la supuesta ficción a

    la luz del mundo concreto en el que vive,

    de la sociedad que lo rodea. Entonces, por

    uno de esos milagros fascinantes que sólo

    las grandes obras maestras deparan, todos

    los personajes cobran vida, rostros,

    nombres de ahora mismo, y uno descubre

    que la materia manejada por el talento de

    Alejandro Dumas es materia viva, eterna,

    actual. Pero también que, desde 1844, la

    llamada sociedad moderna fue

    rigurosamente fiel a si misma: nada nuevo

    se ha inventado desde entonces en lo

    tocante a ruindad, hipocresía, arribismo,

    corrupción en las instituciones y poder

    omnímodo, absoluto del dinero.

    a diferencia es que antes, cuando

    Edmundo Dantés maquinaba su

    evasión del castillo de If, aún había

    esperanza para los parias de la tierra. Hoy

    sabemos cómo suelen terminar los parias, y

    hasta es posible intuir, por escasa

    imaginación que se tenga, cómo puede

    terminar la tierra.

    Edmundo Dantés somos

    todos. Su drama, su desdicha, su fortuna y

    su venganza conectan perfectamente con la

    condición humana de este fin de siglo.

    Prestemos atención con ojos de lectores de

    1992 a los resortes argumentales de la

    novela: una inocencia, la del joven marino

    Edmundo Dantés, recién desembarcado del

    Faraón y a punto de casarse con su novia

    Mercedes, se ve traicionado por aquellos en

    quienes confía. Dantés es encarcelado por

    la envidia (Danglars), la lujuria (Fernando),

    la cobardía (Caderousse) y la ambición

    política (Villefort).

    Por un golpe de suerte, merced a su

    amigo el abate Faria, Dantés escapa

    y logra un tesoro, una fortuna

    incalculable, que le permite planear y

    ejecutar la minuciosa estrategia de su

    venganza. O, dicho de otro modo, sólo el

    dinero, la inmensa fortuna escondida en la

    isla de Montecristo, transforma al paria

    Dantés en el elegante e implacable conde

    que ejecuta, en la tierra, los designios de la

    terrible Providencia divina. Y es ahí donde

    desfila, a sus pies y ante los ojos del lector,

    la sociedad francesa de la Restauración, los

    Cien Días y la monarquía de Luis Felipe,

    tan hipócritas y corruptas en aquel siglo

    como en este: con sus banqueros, sus

    dandies, sus altos magistrados con un

    cadáver enterrado en el jardín, sus políticos

    venales, su parlamento, sus sobornos, los

    banquetes, las fiestas mundanas, las letras

    de cambio, las aristocráticas damas de

    virtud fácil, los mediocres poderosos, los

    canallas encumbrados, los advenedizos

    arrogantes, los analfabetos convertidos,

    merced a la política o al

    dinero, en árbitros de la

    moda, la moral, la

    elegancia y la cultura.

    Y el lector, que a las

    veinte páginas no sólo

    comprende a Dantés, no

    sólo se identifica con

    Dantés, sino que es

    Dantés, participa, personal

    e íntimamente, en

    la deliciosa revancha

    que por mano interpuesta,

    la del conde de

    Montecristo, Dios o

    quizá la simple y objetiva

    Justicia, tan huérfana y desvalida ayer

    como hoy, se desencadena contra la

    ambición arribista, la envidia pasional y las

    tiranías sociales. Una venganza –y ahí está

    el detalle espléndido del asunto– llevada a

    cabo con las mismas armas de los

    enemigos: el poder del dinero. Un dinero

    que se vuelve, gracias al genio del abate

    Faria y a la Providencia, terrible arma

    arrojadiza contra ese mismo poder. Y el

    lector, incluso el escéptico y resabiado en

    la era de la televisión y la informática,

    aplaude el prodigio como hacía antes el

    público en el gallinero de los teatros y en

    los cines de barrio, cuando silbaba a los

    traidores y aclamaba a los caballeros sin

    miedo y sin tacha. Silbidos y aclamaciones

    que, para nuestra desgracia, ya no suenan

    en ninguna parte, convertidos en

    patrimonio exclusivo de los inocentes y de

    los niños.

    Por eso Edmundo Dantés sigue vivo. La

    grandeza de El conde de Montecristo reside

    en que su venganza, la única posible en

    aquél y en este mundo de tahúres y

    sinvergüenzas, también es la nuestra.

    Esperar y confiar. Y que Dios, además de

    las justas repúblicas que dan asilo a un

    hombre, además de las islas lejanas a donde

    nunca llegan órdenes de captura, bendiga

    también al viejo Dumas. Amen.

    January 12

    ANOCHECE EN KATMANDU

    aqui aún tras el palo de no poder haber viajado a Alemania,la salud se impuso entre mi y la ribera del Rhin,y poder estar en Colonia,en sus calles,en su hostel,en las ciudades limitrofes de Bonn,Dusseldor,Frankfurt,una nochevieja en tierras germanas,pero bueno,con optmismo y filosofia,planeando nuevos destinos,preparando ya el tema de los billetes para septiembre a Letonia y el báltico y pisar la soñada literaria e histórica san petesburgo
     
    semana santa dudando entre volver a mi adorado portugal,al alentejo y de paso ver una empresa referente alimentaria lider,como vitacress....
     
    o lanzarme al viaje cercano más grande exótico,aventura y de contrastes,marruecos.....!!!! de tanger,al Atlas,de Marrakech a Fez,de Chauen a la eterna Essaouira
     
    mientras esperamos,ahorramos,seguimos con el MBA,comaginandolo con el trabajo  y disfrutando de momentos mensajes y señales como la que nos dejan los buenos libros
     
    he acabado la semana pasada" Anochece en Katmandu -un viaje a oriente tras los pasos del sueño hippie"de Chema Rodriguez,
     
    me quedé con.....
     
    "Era el final del viaje,y no sólo del nuestro,el final de muchos viajes,de todos los viajes.Katmandu como Estambul no es un  lugar,sino un aidea. alli comenzó el recorrido fisico y alli termina ese otro que no reconoce limites: el viaje de la imaginación,aquel que no precisa más presupuesto que la capacidad individual de inventar mundos y sumergirnos en ellos como quien buscan un sueño: Katmandu como Estambul son un mismo lugar,asi fue mientras duro la ilusión de encontrar en el espacio físico las agarraderas a un universo que si existe es interior,y habita en el corazón de cada hombre...."
     
    pues eso