Iván's profileUN CIUDADANO EN EL MUNDOPhotosBlogLists Tools Help

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    November 14

    OPTIMISMO SIEMPRE

            

     

    Dejo unos videos ,ante la crisis y demás, soy de los que veo oportuniades y el vaso medio lleno, me gustan las  mentalidades optimistas,soñadores,creativas,dinámicas,flexibles....

     

    Intenso fin de semana ,estoy acabando mi Proyecto del MBA,he encontrado una iniciativa curiosa el miércoles ,búsqueda de Reporteros

    para una cadena de hoteles,creo que he llegado tarde,solo llevo 2 dias,pero he subido 1500 puestos, aqui puedes ver mi perfil

     

    Este fin Aprovecharé para un par de buenas lecturas,Un libro de Management  Wikinomics y el último libro del Maestro Kapuscinski " La Jungla Polaca"

    “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” — Albert Einstein

     

    “La riqueza proviene directamente de la innovación,es decir la riqueza no se obtiene pefeccionando lo conocido,sino explotando imperfectamente lo desconocido”-Kevin Nelly

     

    “El problema no está en meterse en la cabeza ideas nuevas e innovadoras, sino en como sacarse las ideas viejas”

    -Dee Hock,creador de Visa-

     

    VIDEOS DE VIAJERO Y DE STEVE JOBS PARA SUBIR LA MORAL

    November 11

    REQUIEM POR GROZNI

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    Intensa y ocupada semana,otro día escribiré con calma sobre  algunos de estos temas
    1)alegria por  la victoria de Obama-y sobre todo por que un genocida como Bush y su gabinete de psicópatas se vaya tras haber dejado el mundo enfrentado y echo un caos-
    2)la crisis financiera global con despidos masivos por la avaricia desmesurada de poder y especulación de unos pocos -que pagan siempre unos muchos-
    3)el concierto de Quique González del Viernes en Gijón
    4)El aniversario de la caida del Muro etc
     
    pero he ido a una libreria a comprarme el nuevo libro de Kapuscinski," la jungla polaca",y tras cenar con Wednesay y hablar un poco de esos temas aprovecho para dejar un texto sobre Julio Fuentes,Miguel Gil y en general  la Tribu de los buenos reporteros de guerra a los que siempre he admirado,gente como Leguineche,Reverte,Kapuscinski,Terzani,Gervasio Sánchez,Ramón Lobo etc... sus reflexiones,fotos,textos y artículos me han ayudado a entender un poco este caótico mundo-un periodismo de denuncia social que apenas  existe en la televisión y prensa de hoy- ese periodismo de raza ,culto y con muchos Kilometros  en la mochila,un periodismo rico lleno de diversidad, con la capacidad  denuncia de atropellos a los derechos humanos.Quería dejar este Post sobre la Tribu de repoteros y una pequeña denuncia y  mi más feroz desprecio por los canallas que apoyan y fomentan las guerras
    *Las fotos son mias en Sarajevo y Mostar
     
    Requiem por Grozni
     

    Miguel Gil fue uno de los escasos periodistas que

    reunieron suficiente valor para documentar la

    matanza que se consumaba en Grozni, un infierno

    cerrado al mundo sólo comparable a las grandes tragedias

    de la II Guerra Mundial. Las únicas equivalencias

    posibles a lo que sucedía en la capital chechena

    había que buscarlas en batallas épicas como

    Stalingrado. Una mañana, mientras estudiaba el

    mapa de Chechenia en el solitario comedor del hotel

    de Mazran, en la vecina Ingusetia, Miguel me confesó

    que Grozni siempre había constituido, incluso

    mientras trabajaba en Sarajevo, el desafío mayor de

    su carrera. Y lo era. Sólo pensar que debíamos ir

    allí para documentar la masacre, el exterminio de

    los últimos chechenos sobrevivientes de la anterior

    guerra te aceleraba el corazón. Pero si una ciudad

    en el mundo necesitaba periodistas, esa era Grozni.

    Una limpieza étnica de gigantescas proporciones se

    consumaba a 80 kilómetros de aquel solitario hotel,

    rodeado de precarios campamentos donde más de

    300.000 refugiados civiles, que escapaban del horror

    de la ofensiva rusa, sobrevivían sin asistencia humanitaria

    en condiciones infrahumanas.

    La conquista a degüello de Chechenia fue potenciada

    por un hombre llegado al Kremlim para suceder

    al decrépito Boris Yeltsin. Vladimir Putin, el ex

    coronel del siniestro KGB, intentaba con su política

    de tierra quemada evitar la secesión de la indomable

    república insurgente y devolver a Rusia el honor perdido

    en la anterior guerra (1994-1996), que los chechenos

    ganaron contra todo pronóstico. Una victoria

    que convirtió Chechenia en un reino de taifas gobernado

    por sangrientos señores de la guerra que hicieron

    del secuestro y el asesinato la principal fuente

    de divisas. El presidente Masjádov, elegido democráticamente

    en 1997, fue incapaz de controlar los excesos

    de los taip (clanes) chechenos.

     

    Pero la medicina administrada por Rusia excedió

    con creces la enfermedad. Decenas de miles de civiles

    pagaron la venganza de Moscú. «Esperar la muerte

    es peor que morir», me confesaba una mujer que

    había soportado 60 días el frío, el hambre y el horror

    en un sótano. Marika reunió suficiente valor para

    huir de la arrasada capital, exponiéndose a los bombardeos

    de la aviación y la artillería rusa. Pero el precio

    de evasiones como la suya fue

    caro. La locura. Para comprender

    lo que pasó en su mente, y en las

    de otros muchos habitantes de

    Grozni, Alján Kalá, Urus Martán,

    Gudermés y decenas de aldeas,

    es necesario imaginar centenares

    de cañones y cazas bombardeando

    24 horas al día con un ritmo

    obsesivo, inspirado por el deseo

    de venganza de los políticos de Moscú.

    Frente a los 100.000 soldados y agentes especiales

    enviados al matadero del Cáucaso resistían un

    mínimo de 5.000 hombres y un máximo de 10.000.

    Su armamento no podía compararse al de Moscú,

    que puso toda la carne en el asador checheno hasta

    el límite de su potencia nuclear. Pero en la sangre

    chechena fluye la guerra desde la infancia. Adoran

    las armas desde la más tierna niñez. Su memoria

    histórica se limita a la represión. Los que decidieron

    combatir hasta el final carecían de aviación y su

    armamento consistía en una abundante gama de

    armas semipesadas con escasa artillería superior a

    los 120 milímetros. Pero eran los amos de la noche,

    de la emboscada, de la resistencia al asedio, de los

    salvajes ataques relámpago a la bayoneta, gritando

    ¡Alá Akhbar! (Alá es grande) que aterrorizaban a

    los bisoños soldados rusos. Frente a ellos, Moscú

    desplegó baterías SAU, misiles Scud, helicópteros

    de asalto y cazabombarderos Sujoi de última generación.

    Divisiones completas de carros de combate

    cercaron ciudades y pueblos reduciéndolos a

    escombros. Grozni resistió heroicamente durante

    cinco meses. La capital fue demolida. Sobre Grozni

    no cabalgaban, como dijeron algunos, los jinetes del

    Apocalipsis, porque esa imagen bíblica no habría

    asustado ni a uno de los niños atrapados en el subsuelo

    de esta ciudad.

    Para comprender por qué Marika perdió la razón

    hay que soportar sin respiro, como hizo Miguel Gil

    y un puñado de periodistas hechos de parecido

    material, los gritos de las familias consumiéndose

    en llamas, las ejecuciones a pie de tumba, la odiosa

    violación de mujeres, la ebria soldadesca matando.

    Las circunstancias del trabajo periodístico en Grozni

    eran extremas. Se convivía en refugios iluminados

    con velas. Los heridos y enfermos tosían toda

    la noche en medio de llantos, plegarias y bombas.

    La única vía posible de comunicación con el exterior

    eran los teléfonos vía satélite de los escasos reporteros

    presentes, la reportera de Libération Anne

    Nivat, el valeroso ruso Andrei Babitski, de Radio

    Liberty, o el propio Miguel. La gente suplicaba llamar

    a sus parientes tendiéndote papelitos con

    números indescifrables.

    Recuerdo que Miguel se quejaba de que sólo

    podía captar fragmentos de la realidad. El rigor de

    los bombardeos y la intensidad de los combates

    aumentaban geométricamente el riesgo de muerte.

    Pasabas horas intentando sobrevivir en los refugios,

    o rezando tu último Padre Nuestro a borde de un

    vehículo de la guerrilla lanzado a toda velocidad en

    medio de las explosiones o el ataque de los aviones.

    Al llegar a tu destino te embargaba una especie de

    somnolencia, como si tu cerebro quisiera borrar por

    higiene aquel terror continuo.

    Las matanzas del mercado central de Sarajevo

    provocaron, demasiado tarde, la intervención de la

    OTAN. Pero la indescriptible masacre de civiles

    consumada el 21 de octubre de 1999 en el mercado

    de Grozni fue olvidada en pocos días. Aquel día, cinco

    misiles tierra-tierra provocaron 200 muertos y

    más de 300 heridos. Pude documentar el horror de

    aquella matanza en un atestado hospital de guerra.

    En una de las entreplantas de la escalera yacían dos

    niñas compartiendo camastro. Zuliján Asukánova

    perdió el brazo izquierdo cuando iba al mercado en

    busca de su madre. Un costurón atravesaba su vientre.

    «No pienso en nada, sólo me pregunto de qué

    soy culpable, por qué me han castigado si aún no

    he cumplido los 15 años», me dijo llorando.

    El asedio de Grozni no estaba sujeto a ninguna

    ley de guerra. El desprecio del Kremlin por las vidas

    de los 40.000 civiles que permanecían en los sótanos

    produce estupor. No podías dejar de pensar en

    aquella mentalidad genocida aun soportando los

    bombardeos bajo el subsuelo de la ciudad. La piedad

    o el derecho humanitario, como se entienden

    en Occidente, eran ajenos a los objetivos de la

    madre Rusia. Occidente proclamó su derecho a la

    intervención humanitaria en Yugoslavia, pero Chechenia

    es tierra intocable. Esta república del Cáucaso

    aún forma parte de la segunda potencia

    nuclear del mundo. Y Rusia ha advertido que nadie

    debe entrometerse en sus ajustes de cuentas. Por

    eso los gritos de Grozni son los gritos del silencio.

    Trabajar en las entrañas de Grozni resultaba a

    veces imposible. El simple cruce de una calle para

    saltar de refugio en refugio solía convertirse en un

    indeseable desafío a la muerte. El bombardeo ruso

    se abatía sobre la capital de forma monótona y

    demoledora. Las explosiones más próximas te producían

    el efecto de un puñetazo en el estómago. Te

    vaciaba los pulmones de aire.

    El 25 de diciembre de 1999 comenzó el asalto de

    Grozni. La suprema cita de sangre y metralla había

    comenzado para un ejército que admitía su falta de

    preparación y una guerrilla decidida a morir por la

    independencia. Los oficiales rusos de las tropas desplegadas

    en el suburbio Pervomáiskaya guardaban

    silencio en aquel turbio amanecer. Minutos después

    era necesario gritar para hacerse entender en medio

    del bombardeo. Los chechenos fieles a Moscú —medio

    millar— luchaban en vanguardia contra sus

    compatriotas en grupos de 18 hombres. Tras ellos

    se abrían paso carros de combate. Una nube de

    humo camuflaba la progresión de la infantería rusa

    hacia sus objetivos de la capital, que tardaron cuatro

    meses en conquistar a sangre y fuego.

    Los jóvenes soldados rusos guardaban en los bolsillos

    la última carta a casa. Los sobres eran de color

    blanco con bucólicos dibujos de ciervos y montañas.

    En su interior estaba escrito el

    último adiós. «Marcharemos a

    Grozni dentro de tres horas para

    combatir a los chechenos», me

    decía Mijaíl, un joven recluta

    que bebía vodka para soportar la

    impresión de la carta que había

    escrito a sus padres. «Papá y

    mamá, vuestro hijo menor siempre

    os amará. Rezad a los santos

    por todos nosotros», decía la última frase. Unas tres

    horas después, Mijaíl fue lanzado al ataque. Dos

    días después, cuando preguntamos por él, sus

    camaradas nos informaron de que había desaparecido

    en combate. Tenía 18 años y había nacido en

    Múrmansk, a miles de kilómetros de Chechenia.

    Grozni cayó con honor en febrero del año 2000.

    Jamás se rindió.  Julio Fuentes( Corresponsal de Guerra y escritor asesinado en Afganistan)

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    November 05

    I HAVE A DREAM-MARTIN LUTHER KING

     

    I HAVE A DREAM

    MARTIN LUTHER KING

    Music: U2-Pride-In the name of Love

    Mañana post sobre un dia histórico

    November 03

    Madre Volga: Navegando por la Historía de la Madre Rusía

    madre volga
    El fin de semana leí un libro  más de Manu Leguienche ,lo llevaba aparcado desde hace tiempo,se trata de Madre Volga, es un viaje en el  barco Esenin. Leguineche va conviviendo con gente variopinta siguiendo el curso del Volga, el río-historia en el que se creó la nación rusa, que ha visto nacer y desaparecer civilizaciones; río-literatura, río-leyenda que  a lo largo de la historía ha sido encrucijada de  poetas, músicos ,cineastas,escritores, ladrones, piratas, aventureros, soldados y guerreros
     
    El viaje por el río más largo de Europa le sirve a Leguineche para contar  la historia de Rusia, enfocada desde sus primeros tiempos tártaros, pasando por los zares, la revolución, la Segunda Guerra Mundial, el estalinismo, los años de Jruschov y la perestroika, hasta las consecuencias del colapso del comunismo en la actualidad; un viaje en que se muestran figuras de ese gran país,desde Iván el Terrible a Stalin,desde Catalina a los Romanov,desde Pedro el Grande hasta Rasputín, y como no la clara devoción y aprecio por los grandes autores de la literatura rusa: Pushkin, Dostoievski, Tolstói, Chéjov, Gógol, Gorki, Pasternak.

    Madre Volga es un libro  a medio camino entre el gran reportaje, la anécdota sobre el terreno, la reflexión política, la aventura personal y el diario del atento viajero. Leguineche nos va mezclando las vivencias propias con la historía de Rusia,con todos  los cambios sociales, económicos y políticos de un país tan desconocido como paradójico, una nación que Winston Churchill definió como «un enigma dentro de un misterio»

     
    legui